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El complejo arquitectónico diseñado por el japonés Arata Isozaki se levanta sobre las ruinas del antiguo depósito franco de Uribitarte. El emblemático proyecto está encabezado por dos torres gemelas de vidrio de 82 metros de altura, que enlazan con la ría a través de una escalinata de entre 35 y 50 metros de anchura. Además, el nuevo plan, que culmina la regeneración urbanística del centro de Bilbao, consta de otros cinco edificios bajos en forma de biombo, cuya fachada es de granito verde, ladrillo y muro cortina, y un recinto peatonal. Un proyecto que consta de 317 nuevas viviendas, además de locales comerciales, oficinas, 783 plazas de aparcamiento y 10.000 metros cuadrados de zonas públicas.
Las torres de Isozaki, nombre con el que popularmente se conoce el proyecto, empezaron a construirse en marzo de 2003, fecha en la que comenzó el derribo de la antigua aduana de la villa. Desde abril de 2004, la UTE Uribitarte, formada por las constructoras Dragados y Fonorte, se encargaó de la parte central de los trabajos, la ejecución de la estructura de los siete edificios.
En la planificación de la ejecución de las dos torres ha resultado crítica la tarea de ejecución de los núcleos de hormigón, ya que ha habido que acompasar el ritmo de ejecución de estos con el de la estructura metálica que lo arriostra, para garantizar un ritmo sin paralizaciones del equipo de forjados. Además, la estructura de los edificios de Uribitarte, a diferencia de otras obras, es mixta, compuesta de hormigón y acero, lo que, entre otras ventajas, permite que el interior de las viviendas sea más amplio. El cálculo de la estructura ha sido realizado por la ingeniería Boma (Brufau & Associats).
Tal y como sucedió en las torres de San Vicente de Barakaldo, en este tipo de construcciones, la utilización del sistema de encofrado de mesas de Drace, propio de la constructora Dragados, ha permitido a los técnicos acortar el plazo de ejecución de la obra.
En Uribitarte, además, los plazos se están acortando aún más gracias a la utilización de un novedoso sistema de escaleras prefabricadas ideado por Burdilan, y que incluye el descansillo entre tramo y tramo de peldaños. Esta solución permite colocar las escaleras mientras se ejecutan las plantas del edificio. Así, el empleo de este sistema de encofrado y de las escaleras prefabricadas han permitido llevar a cabo un forjado por semana, a la vez que proporcionaban una mayor seguridad laboral a los trabajadores, ya que pueden acceder a las plantas a ejecutar a través de la escalera definitiva, ya peldañeada y con su propia barandilla, donde se encuentran con las plataformas de encofrado, que incorporan también su propio sistema de protección colectiva. Grupo Afer, matriz de Fonorte también participa en las obras a través de Afer In Situ, empresa que proporciona la mano de obra, Burdilan, firma encargada del abastecimiento de ferralla, y Afer Bombeos, que se ocupa de los bombeos de hormigón.
Una losa postensada de 6.000 metros cuadrados
La construcción de las 22 plantas de las dos torres de viviendas no ha sido el único reto técnico al que se han enfrentando los expertos de Dragados y Fonorte. Otro de los importantes desafíos se encuentra en los cinco bloques distribuidos en forma de biombo. El proyecto diseñado por Arata Isozaki aprovecha parte de los muros perimetrales y tres plantas sótano del depósito franco. En la práctica esto supone que los nuevos inmuebles se apoyan sobre los tres sótanos existentes mediante un elemento de transición formado por una gran losa postensada que dentro del ámbito de la edificación, su utilización ha sido pionera en Euskadi.
Se trata de un enorme forjado de 6.000 metros cuadrados y de 75 centímetros de espesor, por cuyo interior discurren unas vainas con tendones de acero aplicando una compresión interior, de manera que la sección de hormigón se aprovecha un 20% más que la de una losa convencional. Según avanza el proceso constructivo, los técnicos deben tensar el forjado mediante gatos hidráulicos, para que cuando se terminen de levantar los inmuebles, la losa pueda soportar el peso de la estructura. Esta solución, más propia de una obra de ingeniería de puentes, que exige un cálculo laborioso y detallado realizado por la empresa Boma, consigue que la losa sea más ligera, y su canto menor, lo que permite aprovechar una planta más de garaje. Por otro lado ha sido necesario también recalcular y reforzar la cimentación existente del depósito, donde descansa todo el conjunto.
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